TECHO RADIANTE

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La empresa suiza Zehnder, cuyas instalaciones visitamos en Barcelona recientemente, ha introducido en nuestro país el sistema de calefacción mediante techo radiante. Este sistema consiste en la colocación de placas de poliestireno (que actúan como aislante térmico y evitan que el calor se vaya hacia arriba) en las que quedan embebidos los tubos de agua que aportarán la energía térmica, y que llevan a modo de acabado una placa de yeso laminado que hará la función de falso techo.

La principal ventaja de este sistema es que utiliza agua a baja temperatura (35º frente a los 45º del suelo radiante o los 75º de los radiadores convencionales). Esta característica hace posible la utilización de energías renovables para la producción de calor (aerotermia, geotermia, placas solares o caldera de pellets), lo que supone un ahorro importante en nuestro consumo energético.

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Otra ventaja indiscutible es la facilidad de instalación y su poco peso, características por las cuales resulta idóneo para obras de rehabilitación. Ya no es necesario demoler el suelo de un edificio existente, ni sobrecargarlo con la capa compresora, ni elevar la cota resultante al instalar un suelo radiante. Sustituir una instalación de radiadores por un sistema radiante resulta ahora fácil y rápido.

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Y no debemos olvidar la ventaja que supone no tener limitaciones en cuanto al acabado de los suelos (madera natural, alfombras, etc…), ya que el rendimiento de un suelo radiante depende directamente del material que lo recubre.

En cuanto a la inversión económica, en una obra de rehabilitación la instalación del techo radiante resulta similar a la del suelo radiante (aproximadamente un 5% más caro), pero aporta un ahorro económico en el consumo por trabajar a menor temperatura, por lo que la inversión se va amortizando con el tiempo.

En obra nueva, sin embargo, la diferencia de precio es mayor porque la colocación del suelo radiante no implica la demolición del suelo existente. A pesar de ello es importante sopesar las ventajas que suponen el menor consumo y la libertad de acabados.

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Por último, y para poder entender la eficacia de este sistema, es importante explicar que se basa en actuar sobre los dos factores que afectan a la temperatura percibida, y por lo tanto a nuestra sensación de confort: la temperatura del aire y la temperatura radiante. Los sistemas tradicionales se centran en la modificación del primer valor olvidando el segundo, que tiene la misma importancia en la fórmula de medición del confort. No es lo mismo un día soleado con 15º de temperatura que un día nublado con la misma temperatura. Nuestra sensación térmica será mayor en el primer caso, igual que lo será en un espacio calefactado mediante techo radiante en la que bastará con poner el termostato a 18º-19º para obtener una sensación térmica de 21º-22º.

Los avances tecnológicos nos ofrecen nuevas posibilidades dentro del mundo de la construcción. En el estudio EMES arquitectura intentamos estar al día para ofrecer a nuestros clientes la mejor opción para lograr el menor consumo energético.